Sobre el convivir

8 04 2007

Una de las claves más importantes para resolver los problemas de la humanidad es el aprender a convivir. El hombre ha sido muy ducho en las ciencias y la tecnología: Ha dominado el mar, el aire, la tierra, inclusive, el cosmos en buena parte; sin embargo, en algo tan elemental como lo es la convivencia pacífica, fracasó rotundamente.

Como quiera que la convivencia es básica si lo que se busca es evitar la autodestrucción del planeta y de los seres vivos, habrá que pensar y ejecutar determinadas claves que nos conduzcan al objetivo deseado. La primera de esas claves esenciales es entender que tenemos todos sin excepción un origen común: Dios, el Creador. Somos espíritu, alma y cuerpo unificados. Como Dios es también espíritu, existe un vínculo filial entre el Creador y toda la humanidad: Somos hermanos espirituales. Por otra parte, hay un plan de Dios en cada uno de los seres humanos: la evolución por esfuerzo propio con la guía del libre albedrío, el discernimiento y la intuición. Ese discernimiento debe hacernos escoger lo correcto, lo verdadero y lo real, que no son otra cosa que crecer en espíritu y verdad, vale decir, conciencialmente. En este orden de ideas, expresar en la cotidianidad los cinco valores humanos: verdad, rectitud, paz, amor y no-violencia ha de ser la meta de toda persona con conciencia. Este camino, el de la práctica de los valores humanos, conduce indefectiblemente una vida ética y moral intachable. Las bases para edificar un mundo lleno de ética y moral en el comportamiento, en las profesiones y demás trabajos para una vida feliz y armónica, son dos: a) No hacerle al otro, al que tenemos enfrente, al colega, relacionado, etcétera, lo que no nos gusta que alguien nos haga a nosotros mismos, lo cual no es otra cosa que la regla de oro en el trato, enseñada desde milenios por casi todos los grandes maestros espirituales de la humanidad; y b) Tratar a los demás dignamente por su misma condición de seres humanos y hermanos espirituales.

Por esas razones y con el fin de revertir en alguna medida la descomposición del hombre y la inversión de valores reinante, es de enorme importancia hacer un esfuerzo por lograr concretar una convivencia pacífica. El factor intolerancia, así como también el odio, la envidia y la violencia, son enemigos mortales de todo intento por convivir en armonía y paz.

Tenemos que entenderlo y asumirlo de una vez por todas: La intolerancia de toda naturaleza, el odio, la envidia, mala voluntad y violencia, son enemigos mortales de la convivencia. La convivencia es de orden moral: Se apoya en la verdad, debe realizarse en la justicia y la buena voluntad y exige ser vivificada y completada por la seguridad, el respeto y la libertad de derechos. Bien vale la pena reflexionar sobre ello hoy Domingo de Resurrección.

Kaled Yorde /Abogado

Diario La Verdad. domingo 8 de abril.


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Un comentario

21 10 2008
Ramon ALCALA

SON UNS MALDITOSA HIJOS DE PERRA MALDITOS MALDITOS MALDITOS

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